Por estos días hemos vivido una serie de acontecimientos que ciertamente nos asombran y nos llevan, seguramente, a reflexiones más profundas sobre el sentido de la vida, de lo que hacemos cotidianamente y no siempre terminamos de agradecer por todo lo bueno que nos pasa.

Atareados y corriendo vamos apurados a todas partes, porque tenemos que terminar algún trámite o solucionar alguna dificultad del camino. Cuando al fin nos podemos detener para contemplar maravillados los rojizos colores de un cielo de fin de invierno no podemos hacer otra cosa que agradecer por esa belleza gratuita y preciosa. Pero para descubrirla tuvimos que detenernos.

Del mismo modo quizás nos puede pasar con las personas con las que nos cruzamos habitualmente. Hay mucha belleza en toda esa gente que comunica alegría, esperanza y el ánimo necesario para mirar la vida con mayor optimismo y confianza. Son personas amables, gentiles y cariñosas que nos hacen sentir bien, mejor, más animados.

Los invito a estar atentos a esos encuentros. A reconocer a aquellas personas que regalan energía y aprender de ellos para ser sus mejores imitadores. Lo más bonito sería que cada uno descubra su lado luminoso y lo regale a los demás para que también podamos ir repartiendo esperanza y amor por todas partes. Cuando la luz se multiplica no hay quien pueda apagar la esperanza y el deseo de celebrar la vida.

En este próximo mes en que celebramos las fiestas patrias busquemos la oportunidad de ir más allá y celebrar la  vida con alegría y mucho entusiasmo.

Con el afecto de siempre,

José Luis Avilés Radic
Rector